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La navidad a través de la estética

Si por un momento se detiene el tiempo en el reloj personal y se pudiera sobrevolar la Ciudad de Guatemala en los días que anteceden la Noche Buena, seguramente todos quedarían sorprendidos por el impresionante volumen de acciones que sus habitantes realizan en torno a una celebración del mundo cristiano occidental.

No se pretende en este espacio reflexionar sobre el verdadero sentido de la fiesta cristiana que se celebra, pero si en torno a las expresiones estéticas y artísticas que el guatemalteco realiza, a veces casi por inercia una vez sumergido, en las fiestas decembrinas.

Hasta hace no muchos años la temporada navideña en la ciudad capital se abría con el inolvidable desfile navideño de los supermercados Paíz.  Durante muchos años este desfile no solo fue un inmenso anuncio o promoción de productos, fue la oportunidad para que muchos artistas de la rama efímera produjeran carrozas muy interesantes que eran vistas por millares de personas en un recorrido que utilizaba como marco las mejores locaciones históricas de las zonas 1, 4 y 9.  Bandas musicales de jóvenes estudiantes completaban la presencia del arte en una actividad que marcó la vida de muchos niños, que hoy son jóvenes y adultos.

Luego el Banco G&T Continental intentó continuar la tradición trasladando el desfile hacia el Anillo Periférico pero resultó poco viable.  

Pero en realidad la apertura tradicional y a nivel nacional de la temporada navideña guatemalteca son las luminarias de la Concepción que hoy en día se conocen como “la Quema del Diablo”; una ocasión donde el arte efímero también ha colocado su granito de arena para evitar su desaparición ante la presión ecologista que en los últimos años del siglo XX y principios del XXI vio en esta actividad una amenaza a la delicada situación del medio ambiente.  

Las piñatas de diablos, una muestra del emprendimiento, audacia y habilidad de artesanos guatemaltecos son un reflejo del estudio de la oportunidad que sin un conocimiento  minucioso fue capaz de salvar la tradición con miras a continuarla en medio de las críticas.  Sobre este tema, resulta interesantísimo el estudio publicado por Prensa Libre el domingo 6 de diciembre recién pasado donde se demuestra con índices del INSIVUMEH  tomados en el 2014 que la calidad del aire el 7 de diciembre después de las 18:00 horas continúa siendo buena para la población guatemalteca; es decir, no se exceden los niveles de contaminación que muchos  pregonaban. Esto en parte a la conciencia de que las quemas sean moderadas, especialmente gracias a las piñatas que suplieron a los abusos causados por la incineración de llantas y otros materiales no naturales.

Un segundo punto, de los muchos que hay que abordar en esta temporada es el Árbol de Navidad.  Foráneo, pero llegado al país desde las postrimerías del siglo XIX o los albores del XX, el “arbolito” se ha constituido en un símbolo familiar de esta festividad.  Aunque su significado tiene múltiples significados lo que es factible afirmar es que es un signo y lazo de unión entre las generaciones de guatemaltecos.

La decoración de este adorno entraña también un concepto estético, y muy recientemente de moda.  La saturación e incorporación de novedosos colores y materiales hacen de este elemento uno de los más acomodados a los cambios del mundo contemporáneo.  Desde las bombas de cristal de Bohemia importadas de la antigua Checoslovaquia o las muy recientes en tonalidades negras traídas por la mueblería Kalea; la incorporación de luces led y los más variados elementos pasando por su convivencia con gusano de manzanilla y “paxte” de los barrancos del país, el Árbol de Navidad entraña una compleja realidad de convivencia y resguardo de valores tradicionales y la modernidad.

Aquí también son evidentes los aportes surgidos del ingenio de los guatemaltecos como el gusto por las modas extranjeras.  Sea como sea, es vital comprender que así como se encontró una solución viable a la conservación de la tradición de la Quema del Diablo, no se atente contra la conservación de las especies naturales nativas del país, como el Pinabete de Totonicapán, sino que se busquen alternativas que consoliden la estética de la Navidad de Guatemala. 

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Resumen
Si por un momento se detiene el tiempo en el reloj personal y se pudiera sobrevolar la Ciudad de Guatemala en los días que anteceden la Noche Buena, seguramente todos quedarían sorprendidos por el impresionante volumen…

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